¿Le ha pasado alguna vez que compra un objeto y a los pocos meses ya no sirve para nada, aunque aparentemente está perfecto? O simplemente ¿Se ha dado cuenta de la cantidad de objetos que salen diariamente al mercado, uno tras otro sin que el anterior cumpla más de unos días de ventas exitosas y sin que usted haya terminado de pagarlo? Pasa todo el tiempo, nos pasa cada día, objetos que pierden su vida útil mucho más rápido de lo que lo imaginamos; y ahí está de nuevo en la vidriera ese objeto brillante, magnífico, con olor a nuevo que nos incita a comprarlo.

Y es que los objetos vienen desde su fabricación con una vida útil establecida por su creador, en la que o bien están programados para que se averíen al poco tiempo o bien para que se encuentren en el mercado con un nuevo producto con características que lo hace mejor que el anterior. A esto se le llama la obsolecencia programada y en el documental Comprar, tirar, comprar. Fabricados para no durar, dirigido por la alemana Cosima Dannoritzer y producido por Media 3.14 y Article Z, en coproducción con la televisión autonómica catalana, TVE y Arte France, se presenta el tema de los objetos obsoletos desde su creación. Cómo desde el mercado se producen cosas que se sabe tendrán una vida útil corta, con la intensión de generar oferta y demanda para asegurar una fluidez en el mercado mundial.

La economista Renata Samacá, quien está realizando una maestría en economía en la universidad de Toulouse, Francia, asegura que desde la economía es justificable este modelo, pues se asegura la oferta y la demanda y por ende, dinámica en el mercado. Esto es según Samacá, la manera en la que se puede reproducir el sistema económico capitalista en el que estamos inmersos.

Antes de la revolución industrial cuando el mercado se movía de manera diferente, cuando la tecnología no producía objetos de manera tan veloz, la compra y venta de productos se hacía de manera más lenta. En los años 20 las empresas se agruparon para establecer los lineamientos que determinarían la producción de los objetos, en la que definieron que se debía producir objetos de menor calidad, para así asegurar una venta constante y por lo tanto una fluidez en el mercado.

En esta época, cuando ni siquiera es necesario tener el dinero en las manos, porque se tiene de manera virtual en tarjetas de crédito, los compradores ya estamos acostumbrados a acceder a productos, en cualquier hora y lugar y en algunos casos sin importar el precio. La facilidad que da el internet y el dinero plástico ha hecho que la compra y venta de mercancías se realice instantáneamente  casi sin que el comprador lo pueda pensar.  Samacá asegura que el sistema económico actual tiene la responsabilidad de generar un cambio, si es que se comprende la problemática que el mercado de productos obsoletos conlleva al ambiente.

Desde el diseño industrial, que es desde donde se generan finalmente los productos, se justifica aun más la producción de objetos obsoletos, pues según Carolina Ovalle diseñadora industrial, quien se desempeña como maestra universitaria, diseñadora de interiores y que además cuenta con su propia marca de bolsos, asegura que a razón de poder generar productos con una vida útil corta se genera mayor calidad de vida, pues “en la renovación siempre hay mejoras; si el producto dura 10 años igual, tu vida se estanca 10 años con los mismos procesos”. Pero la discusión debe darse por otro lado, la calidad de vida depende de que tan bien este el medio en el que vivimos y no de que mejoras tiene el producto que adquirimos.

Hay que rescatar que  hay una corriente del diseño que está buscando genera producción mas limpia, con la reutilización de objetos, como es el caso de una pareja de artistas que usa ropa vieja para crear esculturas, que si bien no es de la cadena productiva, muestra por medio del arte qué se puede hacer con los objetos obsoletos.

Por otro lado, recalca Ovalle, los productos deben contar con diseños ecológicos para poderlos exportar; lo que exige en los productores una línea base de acción responsable con el ambiente, lo que asegura que aunque se produzcan objetos en cantidades industriales, estos deben ser posibles de reciclar y contar con normas ¨verdes¨ para su comercialización.

¿Qué responsabilidad asume el diseño frente a este desafío? pues los residuos que se generan no hay donde ubicarlos y cada día se contamina más el ambiente. ¿Qué responsabilidad asume la economía frente a este mercado devastador que nos sume día a día en la necesidad de comprar, tirar y comprar, aunque ya contemos con los productos que necesitamos?

Pero, finalmente, lo que es más importante, ¿qué responsabilidad vamos a asumir nosotros como compradores, que adquirimos productos que no necesitamos por el simple hecho de “darnos un gustico”? Si bien no está entre nuestras posibilidades cambiar el sistema capitalista en el que vivimos, por lo menos podemos frenar nuestro deseo incontrolable  de tener lo que ya tenemos y usar lo que para nosotros ya es obsoleto hasta que realmente cumpla con su vida útil,

Les recomiendo que se vean el documental que encuentran al final de la nota.